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Canarias se Desnuda

Diez años de nudismo en El Fonoll

Diez años de nudismo en El Fonoll

Este rincón de la Conca de Barberà nada tiene que ver en los meses de verano con la aldea abandonada que dejó la Guerra Civil.

Emili Vives, naturista y emprendedor, descubrió este rincón por casualidad a finales de 1995, cuando en su mente tenía la idea de un proyecto de naturismo integral. Persiguiendo este objetivo se lanzó a  la aventura de conseguir que las ruinas deshabitadas de El Fonoll (Conca de Barberà) se convirtieran en el primer pueblo naturista de la geografía española.

Pueblo milenario, en 1350 El Fonoll quedó despoblado a raíz de un brote de la peste negra. A duras penas llegaron nuevos habitantes. Sin embargo, la Guerra Civil dejó de nuevo las calles de esta aldea de la Conca de Barberà sin alma alguna. Así permaneció hasta 1995, cuando Emili Vives empezó con un dificultoso proceso de recuperación y rehabilitación de las viviendas abandonadas. Alejado de toda gran ciudad, El Fonoll se encuentra en la carretera de Guimerà a Vallfogona de Riucorb, en un paraíso de la naturaleza solamente ‘invadido’ por la recién instalación de un parque eólico.

Lenta pero incansablemente, las distintas casas tomaron forma y aparecen el ateneo, la biblioteca, el restaurante y las primeras viviendas. Es a partir de 1998 cuando se hace realidad el sueño de este emprendedor y El Fonoll empieza a recibir las primeras visitas fruto de convertirse en el primer pueblo naturista de toda la península.

En El Fonoll vive una docena de personas los 365 días del año. Sin embargo, durante los meses de verano puede llegarse a más de un centenar de visitantes.

«Estamos a más de 700 metros, de forma que el invierno aquí es muy duro. Sin embargo, siempre tenemos gente», explica Vives. Los residentes únicamente tienen que pagar un pequeño alquiler de entre seis y nueve euros al día, con el los suministros de agua y luz incluidos.

Sin embargo, la opción que eligen la mayor parte de visitantes consiste en pasar algunas semanas en alguna de las viviendas que pueden alquilarse, o acampando en los  tranquilos alrededores del pueblo. «Nuestra filosofía pasa por potenciar las cosas colectivas. Se trata de integrar y vivir en armonía con la naturaleza. Llevamos una vida muy sana y la gente que viene aquí también tiene que seguirla. Agradecemos que dejen de fumar y beber y la comida que se sirve en el restaurante siempre es vegetariana», manifiesta el impulsor del proyecto.

Y es que según explica, «se trata de filtrar la gente en función de si son o no adecuados, y si quieren ser naturistas o no lo quieren ser».

El precio de las habitaciones es a partir de los 22 euros por día, y están dotadas con una cocina propia para prepararse la comida. A pesar de ello, aquellas personas que lo deseen tienen la posibilidad de comer en comunidad.

Los baños de barro, la piscina, las excursiones a caballo o el senderismo son algunas de las actividades que pueden practicarse a diario. Sin embargo, durante los meses de julio y agosto también se refuerza la planificación de actividades atendiendo al incremento de visitantes.

Vives puede presumir de una cosa: los clientes son fieles y una vez lo han probado prácticamente siempre repiten. «Nosotros hace cuatro años que venimos e intentamos subir un par de veces al año», explica Maria del Roser. Y es que su marido está «maravillado». «Subimos siempre que necesitamos tranquilidad, se trata de un lugar idílico para descansar y desconectar ya que se respira muy bien».

Mientras que esta pareja busca la tranquilidad, también hay otros visitantes que quieren pasarlo en grande viviendo nuevas experiencias. El pasado fin de semana las barcelonesas Raquel y Núria visitaron El Fonoll junto con su madre, María del Carmen. Se trata de una nueva experiencia que quieren vivir al 100% y no dudan en meterse en la piscina, a pesar del frío, o untarse todo el cuerpo con barro obtenido directamente de las montañas de la Conca de Barberà. Untada de pies a cabeza y sin dejar de temblar, Núria afirma que «en octubre seguramente volveremos de nuevo un fin de semana». Y es que según la madre, «se trata de una experiencia del todo inolvidable». 

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